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Días para reflexionar y pensar el mundo que queremos

La próxima semana a través de todo el orbe se celebrarán dos fechas internacionales importantes: el 16 de Octubre el Día Internacional de la Alimentación y el 17 el Día Internacional para la erradicación de la pobreza. Dos temas sensibles que deberían llevarnos a reflexionar y pensar sobre el mundo que queremos y vamos a legar a las generaciones futuras.
Las celebraciones llegan justo cuando la Organización de las Naciones Unidas acaba de hacer público un informe que dice que el hambre creció en América Latina durante el año 2016 y que esto pone en riesgo el alcance del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) número dos que busca erradicar el hambre y la malnutrición para el año 2030. La publicación conjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indicó que cerca de 42,5 millones de personas no contaron el año pasado con suficientes víveres para cubrir sus necesidades alimentarias diarias. Si, cuarenta y dos millones y medio de personas en Latinoamérica padecieron hambre. ¿Da para pensar no?
El dato además supone un incremento de 2,4 millones o un 6% más de personas subalimentadas en comparación al año 2016. Sin duda una cifra escalofriante y que nos debería preocupar mucho. Más aun si agregamos que, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, a nivel mundial, más de 800 millones de personas aún viven con menos de 1,25 dólares al día y muchos de ellos carecen de acceso a alimentos, agua potable y saneamiento adecuados.
El Prefacio de los Principios Rectores sobre la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos de la ONU dice que, “en un mundo caracterizado por un nivel sin precedentes de desarrollo económico, medios tecnológicos y recursos financieros, es un escándalo moral que millones de personas vivan en la extrema pobreza”. Agregando posteriormente que, “la pobreza no es solo una cuestión económica; es un fenómeno multidimensional que comprende la falta tanto de ingresos como de las capacidades básicas para vivir con dignidad”.
Más preocupante se vuelve la situación si tenemos en cuenta las estimaciones mundiales sobre la esclavitud moderna que fueron desarrolladas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por la Fundación Walk Free, en asociación con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que es el Organismo de las Naciones Unidas para la Migración.
Según estos datos desde el año 2012, 89 millones de personas han experimentado algún tipo de esclavitud moderna, algunos por períodos breves de días, otros durante muchos años. La esclavitud por deudas afectó a la mitad de las víctimas del trabajo forzoso. Las mujeres adultas y las jóvenes representan el 71 por ciento del total de víctimas de esclavitud moderna y una de cada cuatro víctimas era un niño o niña.
Las cifras dadas en esta nota, además de crudas, tristes, hirientes y preocupantes, nos muestran la gran desigualdad en la que vivimos inmersos en esta sociedad moderna y de lo insensible que se ha vuelto el ser humano al padecimiento ajeno. Para la mayoría de las personas, si no les afecta el tema no les importa, por lo que es difícil que se pueda avanzar hacia un futuro mejor de esta manera. Si cada quien vive pendiente de sus preocupaciones, de sus intereses, de sus necesidades, sin mirar a un costado, sin extender la mano para ayudar, difícilmente la situación vaya a cambiar. Ojalá que estas fechas sirvan para reflexionar y pensar cuál es el mundo que queremos y que sociedad vamos a legarles a las futuras generaciones.