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COMPAÑERE y la identidad de género no binaria

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“La indignación de Andra Escamilla ante un varón que deliberadamente la llamó -compañera-”

Por Eros Ortega Ramos*

Hace algunos días se viralizó un polémico video en las redes sociales en el que una persona que se autodenomina como “no binaria” exigía con un llanto desgarrador en plena clase virtual de “Redes logísticas inteligentes” que se le dijera “compañere” en vez de “compañera”, ya que no se define ni como mujer, ni como varón, sino como un ser humano “no binario” o probablemente de “género fluido”. El nombre de esta persona es Andra Escamilla y a partir de haberse dado a conocer dicho video ha sido objeto de burlas y calificativos despectivos por haber estallado contra uno de sus compañeros de clase, quien ignoró por completo su identidad de género adoptada, a pesar de que en el recuadro de su imagen en la plataforma Zoom se especificaban los pronombres con los que quería ser aludida: “elle” y “él”.

Al grito de “¡No soy tu compañera, soy tu compañere!”, el consternado estudiante ofreció disculpas llamándole de la forma en como esta persona le había solicitado entre sollozos. Inmediatamente después de haberse disculpado, el compañero prosiguió con el mensaje hacia los demás compañeros (y compañeras o compañeres, según sea el caso) respecto al huracán que había azotado algunas regiones del país. Para sorpresa tanto del compañero que cometió el error de llamarle compañera a su compañere, como de los testigos que en ese momento presenciaron la tremenda discusión, el video no tardó en viralizarse para inundar las redes sociales de todo tipo de comentarios, tanto a favor como en contra de la actitud de Escamilla.

Ante esto, elle respondió a los embates de la vox populi en su cuenta oficial de TikTok con entereza y sin titubear, expresando que había recibido un sinfín de comentarios de acoso y burlas hacia su persona, pero que no le interesaba en lo más mínimo lo que pensaran de -él- (pronombre con el cual también quiere ser llamade) ya que no descansaría en su lucha por defender el bienestar y la integridad de la comunidad LGBTTTIQA+: “Recibí muchos comentarios de acoso y cosas bastante feas. A mí no me importa lo que digan de mí o lo que piensen, pero hay personitas a las que sí, compañeres de la comunidad Lgbtq+ a los que sí les afectó […] El acoso y el ciberbullying son cosas serias que pueden quitar vidas” (LaNación, 26/VIII/21). La imagen de elle/él se muestra a continuación:

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/no-soy-tu-companera-soy-tu-companere-el-llanto-de-una-persona-no-binaria-en-plena-clase-virtual-nid26082021/

Pero la narración de los hechos no terminó ahí, ya que elle/él también comentó que esta lamentable situación ya llevaba tiempo suscitándose:

“Durante mis trece meses en la universidad y antes en la prepa siempre me han tratado de ‘ella’, pero mi pronombre es ‘elle’. Si les molesta, también está ‘él’. Y está bastante fácil: está en mi nombre de Zoom y en mi fondo […] “También me habían llamado ‘ella’ otras tantas veces” (LaNación, 26/VIII/21).

Hasta este punto del presente artículo de opinión considero necesario enfatizar en la definición de identidad de género, ya que como anteriormente expliqué, nos encontramos ante una persona que adoptó una identidad no binaria:

“Vivencia interna e individual del género, tal como cada persona la siente, misma que puede corresponder o no con el sexo asignado al nacer. Incluye la vivencia personal del cuerpo, que podría o no involucrar la modificación de la apariencia o funcionalidad corporal a través de tratamientos farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida. También incluye otras expresiones de género como la vestimenta, el modo de hablar y los modales. Se desarrolla, por lo general, entre los 18 meses y los tres años de edad” (CONAPRED, 2016: 23).

Por otra parte, la identidad de género no binaria hace referencia a aquella identidad que no se reconoce dentro del espectro masculino o femenino y, por consiguiente, aquella persona que la adopta no se identifica ni autopercibe a sí misma con un género absoluto, binario o dicotómico propio de un hombre o de una mujer. Fernando Guzmán Aguilar, en un órgano informativo de la propia UNAM, fue muy certero al respecto:

“Así como la diversidad sexual humana incluye a heterosexuales, lesbianas, gays, bisexuales, pansexuales o asexuales, también hay distintos géneros, no sólo masculino y femenino. También, por ejemplo, hay personas no binarias. En la calle, la pasarela, la oficina o a la universidad se visten y se arreglan indistintamente con prendas, maquillajes y objetos considerados socialmente femeninos o masculinos, como aretes, rímel y faldas mezclados fluidamente con sacos largos y botines. Son personas no binarias. Visten así para ser reconocidas y para denunciar al régimen heteronormativo que los margina y excluye. Alzan la voz a través del atavío y del lenguaje de la denuncia y del reclamo de sus derechos humanos” (GacetaUNAM, 24/VI/21).

Lo cierto es que después de todo el escándalo que explotó en las redes sociales a partir de que a algún irresponsable se le ocurrió la lamentable idea de exhibir a la compañere, el género no binario se implantó en la conversación actual como pocas veces en los últimos años, despertando varias dudas en torno a un pronombre en particular con el cual la afectade exige ser llamade ya que, si observa con atención el video en donde aparece gritando, se podrá dar cuenta de que aparece “ÉL”, que con base en la Real Academia Española (RAE), se refiere a la “Forma masculina del pronombre personal tónico de tercera persona del singular. Pese a ser un monosílabo, debe llevar tilde para distinguirse del artículo el (→ tilde2, 3.1): «Él tenía el poder» (Mastretta Vida [Méx. 1990])” (RAE, 2005). ¿Pero acaso no se suponía que la compañere se identifica con una identidad de género no binaria en la que no existe un espectro masculino como tal? ¿Por qué entonces no tolera en ninguna circunstancia que le digan “compañera” pero no tiene problema alguno si se refieren a elle con el pronombre masculino “él”? El lenguaje inclusivo (¿O inclusive?) sigue dando mucho de qué hablar.

Gracias por su lectura.

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*El autor es licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana y maestrante en Estudios Políticos y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México