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EL COVID-19 Y LOS NIÑOS DE LA FRONTERA.

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Columnista Invitado:
Ezequiel Banda Sifuentes

Entre el Coronavirus, o Covid-19 y las campañas políticas por el poder presidencial, han quedado completamente olvidados los niños inmigrantes de la frontera, que siguen viviendo separados de sus padres y ahora son más, porque el ingreso de familias sin papeles ha continuado.

Hoy, las cámaras y los micrófonos están enfocados en la misma noticia del día, porque la separación de niños que ya va para dos años, parece que no tiene remedio, quedó olvidada en las advertencias contra este virus y en los discursos políticos de la temporada.
En un amplio reportaje de Associated Press, se detalla el caos de la situación en la frontera donde no se pueden poner de acuerdo los oficiales de inmigración, con oficiales del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Debido a la política “cero tolerancia” de este presidente, los agentes de inmigración continúan haciendo lo mismo que en el 2018, separar familias.
Entre esta alharaca de temores y pánicos, a veces mal fundados, no se ha informado lo suficiente en relación a que la mayoría de las personas que han adquirido el coronavirus han sido tratadas, que se aliviarán y que relativamente pocas han muerto, porque el tener el virus no significa necesariamente una sentencia de muerte y presenta un escenario mejor en comparación al que viven miles de niños que quedarán afectados psicológicamente y para toda su vida, al haber sido separados, en ocasiones por la fuerza, de sus padres.

Lo más grave reportado por Associated Press es que, los oficiales encargados de vigilar a los niños detenidos no saben qué decirles a los menores, porque no saben nada de sus casos: dónde están sus padres, cuándo volverán a verlos o si algún día volverán a reunirse con ellos, preguntas sin respuesta que preocupan a los oficiales, pero que a los menores los dejan en gran desconsuelo.

Eran 2,500 niños de los que se venía hablando desde hace dos años, pero ahora son más y nadie sabe la cantidad exacta, ni dónde realmente están sus papás, si en este país, en la frontera o si regresaron a México o a Centroamérica.

Si acaso hay algo de cooperación entre los departamentos de Homeland Security y de Salud y Servicios Humanos, éste encargado de cuidar a los pequeños para que sean atendidos, no hay ni los fondos ni el personal para atenderlos debidamente.

Hoy, los supuestos líderes encargados de denunciar esta grave situación, están en campaña electoral, se dedican a atacar al presidente, mientras que miles de niños viven, enfermos, traumados de angustia y soledad, porque están sin sus padres, sin saber por qué los dejaron abandonados y ni quién se los explique, lo que es peor que si estuviesen contagiados con el coronavirus, una enfermedad que sí es tratable, de la que sí podrían
aliviados.