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El pecaminoso encanto del motel

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En algunas de nuestras naciones Latinas, no hay nada que levante mas la passion y el libido que “los moteles’. Y no solo existen en nuestros paises, tambien los encuentra usted, buenos, regulares o malos, en cuanta esquina del planeta Tierra. Muchos le dan a los motels una connotacion sexual, y por eso muchas personas no los conciben funcionando cerca de un colegio o en las calles de un vecindario de ambiente familiar, pero lo que nadie puede negar es que están tan incorporados a la vida cotidiana. ¿Qué sería sin ellos, de la vida sexual de tantos hijos de familia, que no pueden darse el lujo de llevar a sus parejas a casa de sus papás, como no sea para hacer visita de sala? Los amantes, que son el motor de estos prósperos lugares, son quienes más agradecen su disponibilidad. De vez en cuando, y para cambiar de escenario, uno extiende al otro la perversa invitación de escaparnos a uno de estos sitios, cuyo solo nombre evoca una faena bajo las sábanas: La Puerta del Cielo, El Edén, Arena Caliente, Afrodita, El Refugio…, son muchos de los nombres usados para algunmos moteles ¡Qué delicia!

Funcionan como un conjuro contra la rutina del sexo casero, que no pocos rehúyen con dolores de cabeza inventados o el clásico «estoy tan cansado». Con el motel ocurre lo contrario: aunque todo el mundo sabe a qué va, con las ganas también hay un poco de emoción que estimula. Los espejos en el techo, el televisor puesto en el canal para adultos, las luces bajas, los cuadros con desnudos estratégicamente ubicados en las paredes y hasta uno que otro gemido que se cuela por debajo de las puertas son capaces de borrar cualquier ánimo apático. ¿Qué tal los baños de burbujas, la pista de baile y esos aditamentos que, aunque casi nunca se usan, ponen a volar la imaginación? Es innegable que los motels gustan, aunque muchos se desgasten en decir que no, en declararse fóbicos de estos lugares y en desviar discretamente la mirada cada vez que pasan junto a alguno de ellos. Sin duda, son sitios hechos, acondicionados y adornados para el amor, a veces en exceso, pues más que luces, para el aquello lo que se necesitan son ganas. En resumen: qué bueno que existan los moteles para dar esparcimiento a los amantes!