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El radicalismo del discurso de la no violencia

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“Alejandro Fernández y la censura de su canción -Mátalas-”

Por Eros Ortega Ramos*

“A la gente le encanta fingir que está ofendida”, decía el creador de los Simpson, Matt Groening, en respuesta a las constantes críticas que le hacían respecto a la sátira del racismo que mostraba en varios capítulos de su afamada serie estadounidense de comedia. Y es que nos encontramos ante la era de la ofensa perpetua, en donde lo ficticio, lo irreal, lo metafórico y lo intransigente causa molestia. Ahora parece ser que el objetivo a corto plazo del actual discurso hegemónico de la no violencia es conseguir la homogeneidad en el pensamiento; absurda e imposible en sí misma. ¿Se imagina usted un mundo en donde todas las personas compartan los mismos criterios y puntos de vista? Una utopía, en esta y en cualquier época que se viva.

Lo preocupante del asunto es que este radicalismo pocas veces sea cuestionado, y qué decir de su casi nulo encaramiento ante sus cada vez más variadas manifestaciones con camuflajes de respeto, tolerancia, inclusión y diversidad. Estamos presenciando una forma de censura, nueva y adaptativa, que a final de cuentas busca someter la expresión en cualquiera de sus manifestaciones. Una censura muy peligrosa también, ya que “deconstruye” lo que siempre estuvo mal, pero que ante la tremenda ignorancia en la cual estábamos sumergidos nos parecía bien. Veamos un ejemplo de su peligrosidad:

Amigo, voy a darte un buen consejo
Si quieres disfrutar de sus placeres
Consigue una pistola si es que quieres
O cómprate una daga si prefieres
Y vuélvete asesino de mujeres
Mátalas
Con una sobredosis de ternura
Asfíxialas con besos y dulzuras
Contágialas de todas tus locuras
Mátalas
Con flores, con canciones no les falles
Que no hay una mujer en este mundo
Que pueda resistirse a los detalles

La letra citada anteriormente es parte de una canción de nombre “Mátalas”, compuesta por Manuel Eduardo Toscano, la cual fue incluida en el disco “Niña amada mía” del cantante mexicano Alejandro Fernández. Cabe aclarar que la polémica canción fue lanzada desde el 2003, pero no fue hasta el 2020 que con el boom del feminismo radical ha sido duramente criticada por supuestamente hacer apología de la violación.

Y es que todo indica que en ese entonces aún no estábamos listos para abrir los ojos ante la terrible amenaza que representaba para nuestros oídos semejantes alabanzas hacia la perversión. Y no bromeo, vea usted cómo las siguientes líneas reflejan esa apología maldita descaradamente reproducida por el potrillo en sus conciertos:

Despiértalas con una serenata
Sin ser un día especial llévale flores
No importa si es la peor de las ingratas
Que tú no eres un santo sin errores

¿Se da usted cuenta de que claramente el intérprete mexicano está invitando a sus admiradores varones a convertirse en asesinos seriales de mujeres? Y peor aún: ¡A asfixiarlas hasta matarlas! Dejando de lado el sarcasmo utilizado, es completamente absurdo ¿No cree? Pues a esos extremos estamos llegando con la tergiversación que se está haciendo del discurso de la no violencia. Lo peor es cuando inclusive los propios artistas se dejan manipular por dichos radicalismos:

La famosa actriz mexicana Angélica Aragón pidió que la gente deje de cantar y escuchar “Mátalas”, uno de los temas con más reconocimiento en el repertorio del ranchero. Angélica aseguró que la violencia de género y los ataques contra la mujer han sido normalizados a tal grado de que ya no es posible diferenciar lo que es ofensivo de lo que no es. En este sentido, consideró que la letra del tema interpretado por Alejandro es realmente ofensiva contra la mujer, por lo que no deberían permitir que la siga llevando a otras partes del mundo (Infobae, 15/III/20).

Con esos “colegas” para qué se quieren enemigos. Desafortunadamente, poco tiempo después del escándalo este radicalismo dio sus frutos, al grado de obligar al intérprete a no cantar más la polémica canción por temor a represalias de los que se dicen defensores de la libertad de expresión y de los derechos humanos de las mujeres. Además, parece ser que a partir de la censura que sufrió aprendió a ser más empático y a cuestionar el contenido de sus canciones, alegando que tiene una política de cero tolerancia ante cualquier tipo de violencia hacia la mujer, ya que además de tener hijas, también tiene “mucha madre”.

Sea por pura intimidación o no, lo cierto es que Fernández terminó cediendo ante las críticas de machismo y misoginia que condenaron las estrofas del también compositor de “Rata de dos patas”. En este punto yo me pregunto: ¿También van a censurar a Paquita la del Barrio por semejante apología de la violencia hacia los hombres? ¿O sólo aplica cuando quien interpreta es un HOMBRE? Eche un vistazo a lo que misteriosamente no ha causado ningún tipo de indignación por parte de algún colectivo feminista:

¿Me estás oyendo? ¡Inútil!
Hiena del infierno
Cuánto te odio y te desprecio

Maldita sanguijuela
Maldita cucaracha
Que infectas donde picas
Que hieres y que matas

Alimaña
Culebra ponzoñosa
Deshecho de la vida
Te odio y te desprecio

En fin, la hipocresía.

Gracias por su lectura.

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Correo electrónico: sociologia_uameros@hotmail.com

*El autor es licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana y actual estudiante de la Maestría en Estudios Políticos y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México