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Incrementa la desesperación entre los inmigrantes en la frontera

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La pandemia ha dejado en condiciones de vulnerabilidad sin precedentes a la comunidad migrante en Tijuana.

Las organizaciones que donaban ayuda desde Estados Unidos suspendieron sus donaciones, los refugios dejaron de recibir migrantes para prevenir contagios de COVID-19, las audiencias para quienes solicitan asilo se han postergado una y otra vez, y la patrulla fronteriza deporta de inmediato a las personas que detiene al cruzar la frontera.

Sin ayuda del gobierno de México, la comunidad de migrantes y deportados enfrenta condiciones de desesperación sin protección ante la pandemia.

“Por el coronavirus, las iglesias y organizaciones que traían ayuda dejaron de venir”, dijo el pastor Albert Rivera del albergue Ágape Misión Mundial, donde actualmente permanecen unos 150 migrantes, la mayoría de ellos centroamericanos.

Dijo que hasta ahora ninguno de los migrantes se ha contagiado de COVID-19, pero “los médicos de la Secretaría de Salud que nos visitaban regularmente también dejaron de venir por miedo, porque piensan que si hay un brote pudieran contagiarse”, dijo el pastor.

El propio pastor el mes pasado enfermó de neumonía. Temeroso de haber contraído el coronavirus y de que pudiera infectar a niños y adultos en el refugio, buscó entre hospitales y clínicas de Tijuana que le aplicaran la prueba para detectar el COVID-19 y en todos los lugares a los que acudió le negaron el examen.

Como Rivera tiene doble nacionalidad, estadunidense y mexicano, finalmente consiguió que el Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles le hiciera la prueba, que resultó negativa.

“Pero póngase a pensar”, dijo el pastor, “si yo tuve que llegar a Los Ángeles para tener una prueba, qué podrían hacer los migrantes, que no pueden cruzar la frontera”.

La Secretaría de Salud recomendó a los albergues que dejaran de recibir migrantes y trataran de mantener distanciamiento como medida preventiva. Casi sin excepción, los refugios se cerraron a recibir más migrantes desde la primera semana de abril. El caso más conocido fue el de La Casa del Migrante, el refugio más antiguo.

José María “Chema” García Lara, director del albergue Juventud 2000, con unos 70 migrantes en su mayoría centroamericanos, explicó que “hasta donde sabemos, hasta este día, ninguno de los albergues ha tenido algún caso de COVID-19”.

Pero ni la Secretaría de Salud ni las autoridades de migración mexicanas con las que celebramos conferencias virtuales nos han mencionado algún protocolo, no sabemos qué hacer si hay un brote en un albergue”.

García Lara advirtió que el riesgo es creciente por el alto número de deportados de manera expedita. Desde la primera semana de abril Estados Unidos deporta inmediatamente a quienes detiene en intento de cruzar sin documentos. Algunos testimonios en Tijuana mencionan deportaciones de entre 45 minutos y dos horas después de haber cruzado la frontera.

El 29 de marzo el Departamento de Seguridad Interior (HSD) autorizó a la patrulla fronteriza las deportaciones inmediatas como parte de la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19. La patrulla informó el 9 de abril que en las primeras dos semanas había deportado a diez mil personas mediante esa orden.

A esto se suman las deportaciones que lleva a cabo la oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de migrantes buscados y otros detenidos colateralmente.

El Instituto Nacional de Migración (INM) de México informó por su parte que incluso antes de que iniciara ese operativo, Estados Unidos había deportado en tres meses, de enero a marzo a 57 mil personas a México, el 25 por ciento de ellas a Baja California, y la mayoría a Tijuana.

Son deportaciones sin ninguna precaución por la pandemia, dijo García Lara. “Este sábado que acaba de pasar llegó un deportado que habían regresado a México por Ciudad Juárez –750 millas al este de Tijuana–, platicó que sentía síntomas y que nadie le había tomado siquiera la temperatura”, platicó como ejemplo.

En el Proyecto Salesiano, la directora Claudia Portelo, explicó que el albergue cerró sus puertas a recibir más migrantes para prevenir contagios. Ahora unas 70 personas centroamericanas y mexicanas, pero el proyecto católico proporciona desayuno tanto a migrantes como a indigentes y deportados.

“Hasta hace poco dábamos unos 200 tal vez 250 desayunos”, dijo Portelo, “pero por la pandemia, que dejó a tantas familias sin trabajo, los migrantes, los deportados, llegamos a dar arriba de mil desayunos, y con ayuda muy reducida de iglesias y organizaciones que regularmente nos ayudan”.

Hay mañanas que se reúnen cerca de mil 500 personas en fila para pasar a desayunar, a todos les toman la temperatura, le hacen limpiar sus suelas en un tapete con cloro y le dan gel antibacterial para las manos.

Pero de acuerdo con Paulina Olvera Cáñez, directora del albergue y centro cultural Espacio Migrante, a semanas de contingencia la necesidad de la comunidad migrante en Tijuana es muy clara.

El sábado su organización separó bolsas de frijol y algunos alimentos enlatados, aceite, jabón en bolsas de plástico para entregar a migrantes que pasaban por la acera del refugio, se formó una pequeña hilera, pero una migrante de Camerún alertó en Twitter que “me dijeron que estaban dando ayuda”; un rato después había más de 400 migrantes haitianos, centroamericanos, africanos y mexicanos en la fila.

“Les tuvimos que decir que se anotaran en una lista y que cuando pudiéramos les íbamos a llamar para ayudarles”, dijo Olvera Cáñez, quien ahora busca asistencia para repartir.

La directora ejecutiva de Border Angels/Ángeles de la Frontera, Dulce García, informó que su organización continúa la ayuda para al menos 15 albergues para migrantes en Tijuana y aseguró que mantendrá el apoyo, pero criticó a los gobiernos de México y Estados Unidos.

“El gobierno de Estados Unidos creó esta crisis que se agudiza con la pandemia, y con endurecimiento a deportaciones y a obstáculos al proceso de asilo, ahora también por motivos sanitarios”, dijo García, quien agregó que la ayuda a migrantes en Tijuana y el resto de la frontera se vuelve cada vez más urgente.