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Joe Biden está cambiando la estrategia de Trump para América Latina

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Ya fue desmantelada la teoría del segundo eje del mal –el primero fue el de Bush hijo con Irak, Irán y Siria- que había planteado Trump con Venezuela, Cuba y Nicaragua. La próxima semana es posible que se anuncie que el gobierno de La Habana será excluido de la lista de estados patrocinadores del terrorismo. Y están en revisión permanente las medidas para los migrantes que entran por la frontera con México. Atrás quedaron las amenazas de Trump de invadir Venezuela o la retórica de sus halcones John Bolton y Elliot Abrams.

Ahora es Juan Sebastián González, nacido en Colombia, el Asesor de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental, quien maneja la nueva agenda para el continente y tiene el acceso directo a la oreja de Biden. El presidente mismo es un buen conocedor de la región. Durante los ocho años que estuvo junto a Barack Obama, Biden visitó 16 veces América Latina superando con ese número a cualquier otro Presidente o Vicepresidente estadounidense. México sigue siendo la mayor preocupación en Washington.

Desde allí provienen las últimas olas de migrantes y la Administración Biden cree que debe haber una política integrada para todo ese conglomerado de países. También prometió «humanizar» el proceso de entrada a Estados Unidos, tras años de mano de hierro por parte de Trump. « Estamos haciendo cumplir de forma estricta nuevas leyes migratorias y nuestras medidas de seguridad en la frontera. La frontera está cerrada para la inmigración irregular».

En las últimas dos semanas se triplicó el número de menores migrantes no acompañados detenidos en la frontera. «Lo ven como el presidente de los migrantes, y por eso muchos sienten que van a llegar a Estados Unidos», dijo el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador sobre Biden la mañana siguiente a una reunión virtual con su homólogo estadounidense el 1 de marzo. Desde el mismo día en que asumió Biden, se vio un incremento de las actividades de los «coyotes», los conocedores de cada recoveco fronterizo. En su último día en la Casa Blanca, el 19 de enero, Trump firmó una orden para diferir las deportaciones de venezolanos durante 18 meses.

Con el TPS de Biden, pueden residir legalmente sin mayores restricciones hasta que cumplan con las reglas para acceder al famoso Green Card. Con esta política también se revierta la estrategia de las sanciones económicas para obligar a Nicolás Maduro a convocar a elecciones libres. « No hay apuro por levantar esas sanciones, pero sí un reconocimiento de que las multas unilaterales no han funcionado para forzar la celebración de elecciones y que la anterior Administración falló en la coordinación con Europa y con los aliados respecto a Latinoamérica», dijo el lunes un portavoz del Departamento de Estado a un grupo de periodistas en Washington. A pesar de esto, Biden «seguirá con la presión hasta que Maduro se siente en la mesa y tome la decisión de convocar elecciones. »

Esa es la misma aproximación que Washington tendrá con Cuba. En los próximos días anunciará que borra a la isla de la lista de los países patrocinadores del terrorismo, que comparte con Siria, Corea del Norte e Irán, y que es un reclamo de personalidades como el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y el ex presidente colombiano Juan Manuel Santos. En Washington no tienen apuro para regresar al acercamiento de la «diplomacia del béisbol» que había planteado Barack Obama. Aunque es posible que Biden rechace la entrada en vigor del título III de la Ley Helms-Burton, que permite las demandas de ciudadanos estadounidenses contra empresas internacionales por utilizar propiedades confiscadas por el régimen castrista tras la revolución.

Esta norma había sido suspendida por todos los presidentes de Estados Unidos desde 1996 y Trump decidió activarla en 2019. Pero tampoco será «el olvido» que tuvo Trump. La preocupación de Washington está centrada en la expansión de China en la región. « Cabe recordar que el Papa, en sus diálogos con distintos Jefes de Estado, solicitó el apoyo a la negociación entre el gobierno argentino y los acreedores privados y no sería inimaginable un contacto discreto en el mismo sentido entre Francisco y Biden y ante un eventual acuerdo con el Fondo.

Finalmente, si la posición que la Argentina lleva a la mesa con el FMI es sólida y sustentable no habría motivo alguno para que Washington la condicione o la rechace, máxime cuando existió una co-responsabilidad en el manejo del asunto de la deuda en 2018-2019 entre el gobierno de Mauricio Macri y el Fondo». También por las consecuencias que podrían traer una emigración masiva de latinoamericanos hacia la frontera sur que escapan de una crisis sanitaria sin precedentes. «Estados Unidos todavía considera a América Latina como un socio comercial importante, y una crisis de salud en curso en el sur podría llevar a más gente a buscar suerte en el norte», explica Harold Trinkunas, de la Universidad de Stanford.