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La deliciosa pose del ‘misionero’

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Es una posición natural y cómoda para ellos y ellas. El sexo, como todo en la vida, tiene sus básicos, y uno de ellos es la llamada ‘pose del misionero’. Nadie puede negar que sigue siendo la primera elección de casi todos los hombres y mujeres que empiezan a conocerse en la cama. También de muchas experimentadas parejas.

Por eso, parece curioso ver multiplicarse a sus detractores, quienes la califican como una posicion «monótona y poco creativa» a la hora de tener sexo con la pareja, o tambien dicen que es el «símbolo de la sumisión femenina bajo las sábanas».
Una de las teorías sobre su nombre señala que los misioneros anglicanos que llegaron a Samoa hace dos siglos y medio encontraron que para los nativos el sexo no necesariamente estaba ligado a la reproducción. Era, cómo no, para disfrutarlo, lo cual hacían con una variedad de posiciones.

De inmediato, para salvarlos de una condena al fuego eterno, les enseñaron lo virtuoso del “sexo normal”: el hombre arriba y tumbado entre las piernas de su pareja. Punto. No pasó mucho tiempo antes de que los samoanos lo llamaran, con sarcasmo, ‘el misionero’. Desde entonces, tiene fama de pose impuesta, restrictora y pacata.

A riesgo de muchos, diremos que el ‘misionero’, del que muchos hablan mal, puede ser un encuentro tan placentero e íntimo como se quiera. Es una posición natural y cómoda para ellos y ellas, un valor que no tienen muchas de las poses más practicadas hoy, y que parecen inventadas por gimnastas. Otra ventaja es la intimidad que aporta, ¿o hay algo mejor que uno de estos abrazos en los que él y ella se ven a los ojos durante el aquello? No lo creemos… Es cierto que le da libertad de movimiento al hombre y restringe la de la mujer, lo que puede afectar su capacidad de lograr un orgasmo. Pero eso tiene solución: “señoras, con almohadas o cojines bajo sus caderas, notarán que su posición y la penetración mejoran, y con ellas el disfrute”. Eso sí, lo mandado es innovar y el ‘misionero’ no debe ser la única forma de acercarse, de la cintura para abajo. Como todo en la vida, hasta en lo tradicional hay que ser moderados.