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La razón por la que las estatuas del Antiguo Egipto tienen las narices rotas

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Durante varias décadas ha sido un misterio sin resolver entre expertos y entusiastas de Antiguo Egipto, una de las civilizaciones más antiguas y duraderas del mundo.

Poderes divinos

No estamos hablando de los seguidores de la corriente del siglo VIII que rechazaba el culto a las imágenes sagradas, las destruía y perseguía a quienes las veneraban. En este caso, el término se usa de una manera más amplia para nombrar la creencia social en la importancia de la destrucción de iconos y otras imágenes o monumentos, con frecuencia por motivos religiosos o políticos. Los antiguos egipcios creían que las imágenes podían albergar un poder sobrenatural, como explica Edward Bleiberg, el curador principal de arte egipcio, clásico y del Antiguo Medio Oriente del Museo de Brooklyn. Bleiberg, quien exploró el tema movido por el hecho de que la consulta más común de los visitantes al museo era «¿por qué están rotas las narices?», explica que las palabras para «escultura» y «escultor» enfatizan que las imágenes están vivas.

Los objetos que representaban la forma humana, en piedra, metal, madera, arcilla o incluso cera, podían ser ocupados por un dios o un humano que había fallecido y se había convertido en un ser divino, y así podían actuar en el mundo material.

Una vez ocupadas, las imágenes tenían poderes que podían activarse a través de rituales.

Pero por qué hacerlo

Las razones eran muchas, desde la furia y resentimiento contra enemigos a quienes se quería herir en este mundo y el próximo, hasta el terror a la venganza del difunto que sentían los ladrones de tumbas, así como las ganas de reescribir la historia o los sueños de cambiar toda la cultura. Su arma fue la destrucción de imágenes. Pero recordemos que no eran sólo los dioses quienes podían habitar las imágenes, sino también los humanos que habían fallecido y, tras el largo y tortuoso viaje hasta la Sala de la Doble Verdad, demostrado su decencia en el Juicio del alma, convirtiéndose en seres divinos.

Ansiedad por el futuro del pasado

Ritner, suponía una preocupación constante en el Antiguo Egipto.

No tendrá agua del altar de Osiris, no transmitirá su propiedad a sus hijos jamás.

¿Y la nariz?

Si preferías que el dios no los escuchara, le quitabas a la deidad sus orejas. Pero quizás el método más efectivo y expedito para hacer realidad tus deseos era quitarles la nariz. Lo paradójico, después de todo, es que esa compulsión por destruir las imágenes es prueba de cuán importantes eran éstas para aquella gran civilización.