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La realidad en la donación de vacunas COVID-19 desde México a países pobres

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Aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que que su gobierno aceptó la reducción en la aplicación de vacunas de Pfizer a petición de la Organización de las Naciones Unidas para evitar el acaparamiento y que países pobres tengan acceso a los antígenos, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, aclaró cómo se dio este proceso en realidad. Y es durante la conferencia de prensa matutina del 18 de enero, López Obrador declaró que la ONU «les está demandando que entreguen vacunas para que pueda ofrecerlas a países que tienen más dificultad para contar con ellas. » No obstante, el funcionario que se ha encargado de ser el vocero de la pandemia en México, detalló que esta situación no implica una comunicación directa de la ONU con cada país para demandarle la entrega de vacunas, sino que el organismo, así como la Organización Mundial de la Salud «han hecho un exhorto público a los Estados miembros a que faciliten a través de no tener una exigencia extrema». Esto mismo fue confirmado por el canciller Marcelo Ebrard, quien detalló que a partir del 15 de febrero llegarán más vacunas de las previstas para entonces, mientras que para el mes de marzo el esquema de recepción se regularizará conforme lo planeado.

Asimismo, se encarga de reducir la especulación de mercado en la generación de vacunas contra COVID-19, con el fin de que el sistema de inmunización obedezca a un factor sanitario y no mercantil. Por medio de ella se busca comprar suficientes vacunas contra COVID-19 para inmunizar al 20% de las personas más vulnerables en todo el mundo, contar con una variedad de dosis diversificadas, entregarlas tan pronto como estén disponibles, reconstruir las economías y amenizar la fase aguda de la pandemia. En este sentido, los países de ingresos altos y medianos contribuyen al fondo y reciben una parte de los antígenos, mientras que los países más pobres reciben las vacunas de manera gratuita.