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“Los caníbales de la Patagonia”: la banda que se comió a más de un centenar de personas

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La matanza de los turcos» ocurrió entre los años 1904 y 1909 y su saldo de muertes, según los registros del oficial que la investigó, fue de cerca de 130 víctimas, la gran mayoría de ellas de origen sirio-libanés, que por esos años llegaban por cantidades a Chile y Argentina buscando establecerse en actividades de comercio. A estos vendedores trashumantes de ascendencia árabe se les llamaba genéricamente -y aún se les llama- «turcos», indistintamente del lugar específico de su procedencia. Pero también se les llamaba «mercachifles» pues tenían la costumbre de anunciarse en las poblaciones o estancias donde llegaban haciendo sonar una especie de silbato o «chifle». «Mercachifles» desaparecidos.

La denuncia fue hecha por un comerciante de nombre Salomón El Dahuk pues uno de sus «mercachifles» de nombre José Elías y el peón que lo acompañaba Kesen Ezen, se habían internado en la patagonia hace meses y no se había vuelto a saber de ellos. Para ese entonces los rumores de que en la Patagonia mataban «turcos» estaban corriendo desde hace años, pues desde 1905 no regresaban los «mercachifles» que se internaban en la meseta ofreciendo sus productos en las poblaciones y estancias alejadas. Ante la magnitud de las denuncias el gobernador de Río negro, Carlos Gallardo, designó al jefe de la policía, José Torino, uno de los alguaciles más férreos y estrictos de la región, a que se trasladara hasta el lugar de las desapariciones e investigara lo sucedido. Torino lo hizo y con él se llevó a diez hombres conocedores del clima y la bravura de la región y se propuso a recorrer el mismo camino de los mercachifles.

Una banda de caníbales liderados por una bruja

La tarea probó ser dura, Torino interrogaba a los habitantes en busca de información pero aunque varios afirmaron haber visto pasar a los «turcos», nadie sabía más, ni daba luces de su paradero o destino. La empresa parecía ser un total fracaso hasta que lograron capturar un mapuche que era responsable de varios crímenes, pero que tampoco sabía nada de los «turcos» desaparecidos. Eso le dio una idea a Torino y decidió ir a «Lagunitas», un paraje en la ruta de los mercachifles cercano a Chile, en donde encontró la confesión que encausaría su búsqueda. No solo eso, en otras oportunidades habían asaltado y matado a otros turcos que llegaron al lugar.

Torino implementó métodos brutales para encontrar a la banda, capturó y torturó a toda persona que considerara sospechosa, métodos cuestionables pero efectivos, porque en poco tiempo apresó a casi todos los integrantes de la banda y recolectó pruebas de sus horribles crímenes. Todo quedó documentado en sus diarios, en especial las referencias a Antonio Cuece, el líder de la banda. Este era un personaje especial, pues vestía de mujer y era conocido con el apodo de «Macagua», una «machi» -bruja o curandera- que había convertido a su banda de atracadores y asesinos en caníbales. Los miembros de la banda eran en su mayoría indígenas mapuches procedentes de Chile, que se dedicaban a criar ovejas, caballos, cazar avestruces y guanacos.

Esas partes y otras más extraídas de los cadáveres de los «turcos» asesinados, eran cocidas, asadas y repartidas entre todos los integrantes de la banda. De acuerdo con los testimonios que recogió y documentó Torino, fue ella quien los llevó al canibalismo, pues era la encargada de extraer las entrañas de los hombres asesinados y cortar sus partes íntimas, prepararlas y darlas al resto. Fue tal la matanza, recogerá Torino, que uno de los capturados le dijo que se le había hecho costumbre desayunar «filetes de turcos recién carneados ».