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Los pezones: “El alma del erotismo”

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Nada debilita más a los hombres que ver un pezón erguirse y ponerse duro por debajo de la ropa. Los pezones son el alma del erotismo y no solo en el caso de las mujeres. Las pequeñas circunferencias masculinas -tan poco valoradas y tan poco explotadas-, también tienen su corazón. Esa protuberancia en la mitad de una teta hace toda la diferencia. La estética de una teta está fuertemente definida por el pezón. Como entre gustos no hay disgustos, a unos les gustan más bien rosados y chiquitos, a otros oscuros y turgentes. De hecho, turgente es una de las palabras favoritas de los poetas eróticos. Entre esas dos clases de pezón hay una variedad de areolas, colores, sabores y tamaños aptos para todos los gustos. Unos miran hacia el cielo, otros parecen estar “pidiendo un aventon”.

Otros quedaron fuera de las canchas y andan cabizbajos. Lo cierto es que la naturaleza es sabia, porque lo mas seguro es que los hombres no tendrían una fijación tan fuerte por los pezones si no fueran una fuente de alimento en todo el sentido de la palabra. Todos los mamíferos tendemos instintivamente a mamar, pero siempre nos hemos preguntado por qué a los hombres se les queda la maña de querer mamar como cuando eran chiquitos (bueno, a las mujeres también, pero otras cosas). El pezón femenino y el líquido que emana de él son incluso responsables de la primera palabra de un ser humano. Varios lingüistas aseguran que la palabra mamá no es más que el resultado fonético del acto de mamar. Y etimológicamente ambas provienen del latín mamma, que significa tanto madre como teta. El acento recayó en la última sílaba en castellano debido a que las cortes españolas, muy afrancesadas, quisieron imitar el sonido de la palabra en francés maman. Por si fuera poco, los brasileños llaman mamão a la papaya, una designación que ha sido atribuida por algunos a la forma de teta que tiene esta fruta. Así las cosas, la frase «mi mamá me mima y amo a mi mamá» que nos enseñan cuando niños debería cambiarse, al menos en los colegios de hombres, por «mi mamá me mima, yo mamo a mi mamá». Sin duda, un médico corroboraría que lo que nos lleva a rendirles tanto culto a los pezones femeninos es su utilidad y la protuberancia que los rodea para poder conectar más de quince ductos a través de los cuales sale la leche para alimentar a los críos. Pero ojo, que los pezones masculinos también tienen su corazoncito. Si miran los pezones de un hombre, no los notan: ¿demasiado parecidos?, ¿no son idénticos? Tanto en hombres como en mujeres el pezón es una zona erógena que ayuda a estimular los genitales para el coito sexual (si les suena muy Discovery Channel, reemplacen coito sexual con follar). Una lamidita en el preámbulo de cualquier “palito” nunca está de más. Incluso una mordidita suavecita.

Como quien dice, en el sexo el pezón manda la parada. Una teta sin pezón sería tan insulsa como un signo de interrogación sin el punto. Contrario a lo que muchas mujeres pudorosas creen, nada debilita más a los hombres que ver un pezón erguirse y ponerse duro por debajo de la ropa. Dicen que en los cabarés tipo Moulin Rouge había un hombre encargado de ponerles hielo a las mujeres antes de que salieran a dar su espectáculo. Incluso hoy en día, hay muchas mujeres que se operan los pezones para que se vean más grandes y siempre duros, que también es algo que resulta de amamantar un bebé, y que a muchas mamás preocupa. El agrandamiento se hace con colágeno, silicona y cartílagos de la persona extraídos de su oreja. Están también las que se hacen el procedimiento inverso para reducir el tamaño de sus pezones. Entre gustos, no hay disgustos… ¿o sí? Un famoso cirujano dice siempre que “las tetas son hermanas, pero no gemelas”. Por más simetría que exista en el cuerpo humano dos pezones jamás van a ser idénticos. Es indiscutible que los hombres siempre quieren estar pegados a una teta, para dicha de muchas damitas. Se habla de hombres que no se han destetado aún de la madre, sin que muchas comprendan de una buena vez que ningún hombre jamás será capaz de destetarse del todo, hablemos del pezón de quien hablemos.