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Mecanismos de Venezuela e Irán para traficar petróleo y eludir sanciones

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José González de PDVSA firmó el Manifiesto de Carga del buque tanque S-TINOS cuando se terminaron de bombear los 1.859.106 barriles de crudo. Nada debía llamar la atención en el Puerto José Terminal, de Anzoátegui, en Venezuela, el pasado 30 de noviembre cuando ambos protagonistas estrecharon sus manos despidiéndose. Pero un análisis detallado de las embarcaciones que ingresan a los puertos de Nicolás Maduro que controla PDVSA despertó las alarmas que permitieron rastrear hasta las profundidades del Golfo de Bengala el verdadero destino del S-TINOS. Un funcionario que presenció aquella transacción irregular supo que algo no estaba del todo en regla cuando comprobó que el gigantesco barco categoría Very Large Crude Carrier que estaba en la Terminal de Almacenamiento y Embarque José de aquel puerto de Anzoátegui tenía escrito a la vista de todo el mundo otra denominación a la que figuraba en la declaración internacional que indica qué se carga o descarga de una nave y que las partes involucradas acompañan con su firma.

El buque que amarró durante horas en uno de los puertos más importantes de Venezuela llevaba en verdad otra denominación y otro número de IMO, la identificación de cada una de las naves que otorga la Organización Marítima Internacional. Este número es inmodificable a lo largo de la vida útil del buque. En este caso, el que en verdad ingresó a la terminal portuaria venezolana fue el MT-LILU , con bandera de Camerún, pero que en los registros oficiales se hizo pasar bajo otra identidad.

Los socios de Maduro

Desde que Venezuela decidió convertirse en un paria internacional, tiene como uno de sus principales sostenes económicos a Irán. Se remontan a los tiempos en que el ex presidente y teniente coronel Hugo Chávez disfrutaba de la bonanza de un crudo a precios astronómicos que le permitían ser el todopoderoso mandatario que consiguió perpetuidad tomando por asalto la justicia, los medios de comunicación, persiguiendo a opositores y reformando la Constitución. Dentro de la estructura iraní, es la Guardia Revolucionaria Islámica la encargada de mantener activas sus operaciones en el exterior con diferentes formas de financiamiento. En la profundidad de esa organización, es la unidad de élite conocida como Fuerzas Quds la que comercializa de manera ilegal con Caracas el crudo de los venezolanos.

La Guardia Revolucionaria es una organización militar -designada como terrorista en 2019- encargada de intervenir en diferentes escenarios, tanto cercanos como en otras partes del globo. En América Latina, la organización terrorista también es conocida. Venezuela les da cobijo a sus delegados de Hezbollah dando acceso a pasaportes, ciudadanía y tráfico de estupefacientes, y la Triple Frontera compartida entre Brasil, Paraguay y Argentina cuenta con su permanente y amenazante presencia. Maduro podría tartamudear si alguien de la Cancillería rioplatense se animara a reclamarle explicaciones por sus negocios ilícitos con los iraníes.

La fuerza islámica utiliza estos recursos que le proporciona Maduro para continuar con el financiamiento del terror en todo el mundo. Como gran parte de los funcionarios del Palacio de Miraflores, también pesan sobre ellos sanciones del Departamento del Tesoro norteamericano. La clave para eludir las sanciones, traficar crudo y poder unir los puertos de ambas naciones consiste en que la maniobra no sea descubierta por quienes controlan el tráfico marítimo. La trayectoria de la nave rentada no debe ser rastreada bajo su nombre original.

Tanto la Guardia Revolucionaria Islámica como PDVSA interfieren en los sistemas de localización para escapar de los radares de seguimiento satelital. Dicha tecnología es conocida como Sistema de Identificación Automática que en el caso del MT-LILU fue falsificada para evitar que salgan a la luz sus verdaderas rutas. De haberse ubicado el buque de bandera camerunés camino a un puerto venezolano éste hubiera sido interceptado en el Caribe y sancionado por las autoridades norteamericanas. Gracias al AIS spoofing el MT-LILU logró ocultarse durante un tiempo indeterminado del radar -o fue «localizado» en otro mar- e ingresó a Puerto José Terminal bajo la denominación temporaria del ya desaparecido S-TINOS para los operadores petroleros venezolanos y el capitán «Sergey» que lo conducía.

«Ordenar la economía debería ser una prioridad para que los venezolanos retomen algo de la calidad de vida que supieron tener hasta no hace muchos años y para que la dictadura gane más tiempo y apoyo popular, aunque ya es imposible que lo consiga en grandes números», señala un ex gobernador chavista que prefiere permanecer anónimo para continuar con su vida en la capital del país. «Igualmente deberían cambiar todo en PDVSA. » .

El puerto, el fantasma y el barco que todos buscan

El Puerto José Terminal está localizado en Anzoátegui, al oriente de Venezuela. Es uno de los más importantes del país por el volumen de crudo que se mueve día y noche. Y el máximo de eslora que permiten sus dársenas es de 332 metros. El desaparecido S-TINOS fue construido en 1998 y llevaba bandera de Palau, un archipiélago de Oceanía.

Por apenas un metro, no podría haber ingresado a José Terminal. En cambio, el MT-LILU fue construido en 2000. Su bandera es camerunés, con la misma que ingresó el falso S-TINOS a Venezuela. Justo para José Terminal.