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“Mi papá te va a venir a matar a la hora de la salida”: cómo es ser maestro en zonas del narco

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El documental “Niños de la Narcozona”, es un breve retrato de una perspectiva que rara vez se ve en televisión o en los medios: ¿Cómo influye el narco en la mentalidad de los niños que crecen rodeados de violencia? y ¿Cómo es enseñar a esos niños?

“Si tu traes un muerto, yo quiero traer cuatro o cinco muertos. Yo quiero ser el ‘chido’. Esa es la mentalidad del barrio». Esa es una declaración de un joven de unos 18 años que creció dentro del contexto de narcotráfico en México.

El documental, producido por el The New York Times, es un reportaje en el que una maestra de preescolar y primaria, y el joven ya mencionado, hablan sobre esa realidad, haciendo pensar en qué significa eso para el país y la mente de los jóvenes.

El problema principal que resaltan ambos personajes (cuyos rostros fueron cubiertos para proteger sus identidades), es que los niños tienen familiares dentro del narco y eso los influye hasta que la violencia que ejercen sus padres y tíos, se traslada a ellos.

El joven anónimo declara: “(Vivir con narcos se hace) algo normal y ves (a un miembro del narco) como un superhéroe. Porque creces en ‘el barrio’ y tus superhéroes son los que acaban de salir de la correccional, del reclusorio, de la penitenciaría, de los anexos y te cuentan sus ‘pato aventuras’ y tu vienes a creer que son superhéroes”.

La maestra, cuya identidad no se dio a conocer, señala: “En casa, o tienen un hermano o un papá que se dedica a esa ‘actividad laboral’. Lo llevan en la piel, eso es lo complicado. ¿Cómo decirle a un niño ‘el narco es malo’, ‘el narco hace daño’, si resulta que papá es narco, es el gatillero, es el que la vende o es (el ‘chingón’) de la colonia? El niño se bloquea y te anula”.

Las experiencias, en el caso de estos niños, resulta especial, ya que esos familiares, dentro de su papel en el narco, son responsables de las muertes de cientos o miles de personas, y tienen un estilo de vida que antepone su seguridad ante la de cualquier otra persona.

Así describe Everardo González, el director el documental lanzado en diciembre de 2019.

Este cortometraje nos habla de lo complejo que es educar en un clima de violencia, donde los maestros no solo deben adaptarse a las condiciones sindicales, a las reformas educativas, los bajos salarios, las distancias y el aislamiento, sino también al gran reto que supone ofrecer un sistema moral en comunidades en las que este concepto está fracturado. ¿De qué manera decirle a un niño que lo que su padre o sus hermanos hacen lastima todo el entramado social cuando ha aprendido que lo normal es la pertenencia a ese orden moral?

Por otra parte, resulta atemorizante la forma en que la violencia se traslada a los niños. La maestra cuenta de casos en los que profesores han desaparecido por el simple hecho de reprobar a un hijo del narco.

Sé de casos de maestras que levantaron (secuestraron). Por reprobarlos. […] Porque si es un hijo de un narco, nunca lo puedes reprobar. […] Los colegas que se dedican a la educación, tienen miedo, tienen mucho miedo

La profesora cuenta la historia de un niño de apenas cinco años que la amenazó después de que casi le entierra un objeto a un compañero de clase.

Ese niño estaba a punto de enterrarle una vara a otro niño. Le brincó para enterrársela en el vientre. […] Me dijo que [lo hacía] porque él quería hacerlo. Y le dije que estaba mal […] Me amenazó. Me dijo: ‘mi papá te va a venir a matar a la hora de la salida. Tiene un cuerno de chivo’ […] ¿Cómo es posible que seas un niño de cinco años de edad y me amenaces?

“Él dijo que él quería ser narco, que él quería un ‘cuerno de chivo’, que quería estar así como sus papás, que era lo que él quería. Que no quería nada más”.

El problema que resalta este documental es cómo las mentes de los niños del narco se ven moldeadas desde pequeños, convirtiéndolos en seres violentos que sólo se preocupan por sus familias, y no por las demás personas. El joven que aparece, rompió el ciclo y logró escapar de esas ideas.

El documental concluye con una cifra muy importante: entre 2006 y 2015, más de 11,000 adolescentes y niños fallecieron en crímenes relacionados con el narcotráfico.