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Ni ropa deportiva, ni camisas ni tacones: cuál es la vestimenta ideal para trabajar desde casa

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Consideremos un momento el suéter para Zoom. ¿Usarás uno grueso que inspire confianza o uno delgado estilo envolvente? ¿Con o sin botones? ¿Cuello redondo, en v o alto? Estas preguntas no son superfluas.

Después de todo, a medida que el largo y caluroso verano de la pandemia se transforma en meses más frescos e impredecibles, el suéter para Zoom es el siguiente paso en tu vestuario de temporada luego de la camisa para Zoom: aquella prenda que dejas colgada de una silla y te pones encima para las reuniones.

Para algunos, esto quizá sea liberador: una última declaración de independencia del traje sastre y una prueba de que, tras meses de vestirnos para nosotros mismos, y nuestro perchero en la esquina del sofá, nos hemos liberado de la vestimenta constrictiva de los ayeres oficinistas (y todas las normas antediluvianas del buen vestir que representan).

Pero, de cualquier manera, mi corazón se estremece tan solo de pensarlo.

Este es el problema: ¿cómo vamos a saber cómo querremos vestirnos si no tenemos cerca a nuestros colegas para tomar nota de lo que hacen? ¿Sin un punto de referencia a quién emular? Es como el dicho del árbol que se cae en un bosque y nadie lo escucha.

El otro día, recibí un mensaje de texto de Virgil Abloh, el diseñador de Off-White y la línea de caballeros de Louis Vuitton. Acaba de terminar una presentación para ejecutivos y no tenía duda de que había pasado más tiempo eligiendo entre “el millón de camisetas que tengo” que la mayoría de los ejecutivos eligiendo un traje. “Es un tango extremadamente interesante: traje vs. la camiseta pandémica”, me escribió. Intentaba pensar en cómo se interpretaría su elección a través de los diminutos recuadros en la pantalla de computadora, dado que no eran las mismas elecciones que estaban haciendo sus lejanos colegas. ¿Se verían abigarrados? ¿O parecería una afirmación de la forma de pensar de cada uno? Quizá un poco de ambas.

De cualquier manera, no es el único que se enfrenta a esta cuestión.

Lyst, la plataforma global de búsqueda de modas, hace poco observó en su clasificación trimestral de las marcas más populares que, por primerísima vez, en el lugar estelar estaba Nike y no una marca de lujo, gracias a un incremento del 106 por ciento en la demanda de ropa deportiva y descanso, ya que los consumidores se concentraron exclusivamente en usar ropa cómoda en casa.

Los efectos de la pandemia en la ropa para el trabajo

Desde hace un tiempo el vestuario laboral se ha vuelto más informal, de los trajes sastres coloridos con botones dorados de los ochenta a las playeras y sandalias Tevas de los inicios de la era digital y, finalmente, a los trajes combinados y vestidos florales con tenis de la época precoronavirus.

Ahora la pandemia ha acelerado ese cambio.

Pero, si bien los encantos de usar playeras para acurrucarse todo el día y la mentalidad “vamos a aprovechar que podemos usar mallas” fueron atractivos al inicio, la alegría de romper tabúes sartoriales (¡estar en calzones!) y solo ponerse al último minuto una camisa que sea apropiada para el trabajo está empezado a aburrir.

Es cierto que alguna vez fue atractivo, y quizá incluso benéfico para la salud mental de uno, vestir atuendos que indicaban relajación para pelear con el trajín diario de las últimas noticias, pero una consecuencia ha sido que ahora es menos satisfactorio vestir esa ropa.

Así como los teléfonos inteligentes han hecho posible que trabajemos en todo lugar y todo momento, solo porque puedas usar tu ropa deportiva elástica enfrente de la computadora no quiere decir que siempre sea una buena idea.

Al menos eso es lo que pienso cada vez más, sentada en mis pants y pantuflas y no luciendo mis vestidos con botones y sacos de seda tipo cazador que solía usar. Estoy comenzando a creer que siento a mi cerebro perdiendo tono y deshilachándose, como mis playeras.

Ha sido divertido andar todo el día en ropa deportiva. Pero era una solución a corto plazo. Ahora tenemos que pensar qué sigue.

Vístete para la mentalidad que quieres

Tiene lo suyo ponerse el disfraz de la oficina: pues esa pequeña incomodidad a veces te mantiene alerta, es un ejercicio de corte y confección para la mente.

Cuando trabajaba como independiente y laboraba desde casa por elección, me aseguraba de vestirme y calzarme zapatos todas las mañanas antes de sentarme en mi escritorio, una señal de mi cuerpo a mi cerebro de que era hora de ocuparse.

Todos tenemos rituales que sirven de pautas psicológicas, es decir, no solo nos ataviamos con un atuendo distinto, sino que, a la vez, con una versión distinta de nosotros mismos.

Así que estos días me percato de que contemplo con nostalgia mis viejos sacos, los que afilaban mis hombros lo suficiente para convencerme de que podía enfrentarme a cualquier barricada que la vida me arrojara o que, con esfuerzo, podía darle forma a una idea o tarea.

Hay una razón por la que el traje ha sobrevivido tanto tiempo: como Anne Hollander, historiadora del arte y del vestido, escribió en su libro de 1994, “Sex and Suits”, pues este idealiza y abstrae el cuerpo, convirtiéndolo en un simulacro moderno de la estatuaria griega y haciéndonos sentir a todos que estamos vestidos con la mejor versión de nosotros mismos (del tipo que puede proyectarse incluso a través de la sala de conferencias más cavernosa).

No se puede negar que esos hombros amplios pueden dar una buena imagen en un podio o una junta de negocios, pero en una pantalla pequeña lucen desesperados, como si intentaras demasiado dominar… ¿en tu sala de estar? (Bueno, eso, o como si estuvieras en una prueba para ser anfitrión de un programa de televisión).

‘Workleisure’ hace su entrada

Hace algunos años hubo un intento por introducir el término “workleisure” (compuesto por las palabras en inglés para “work” [trabajo] y “leisure” [tiempo libre]; que podría entenderse como “ropa informal para trabajar”). No despegó, quizá porque presentaba dificultades lingüísticas.

Sin embargo, como concepto, es probable que su tiempo haya llegado.

Libre del carácter preconizador y sacarino de la palabra “athleisure”, que se usa para referirse a la ropa que parece deportiva pero se usa para descansar en casa, “workleisure” (un premio para quien pueda encontrar un mejor término) es más creativo que “ropa casual de negocios”, que en realidad solo era un traje con sacos y pantalones de distinto color.

¿Cuáles son sus características?

Primero, empecemos con lo que no es: cualquier cosa que pueda confundirse con ropa para dormir o que alguna vez usaste en el gimnasio y que fue creado para absorber el sudor. Del mismo modo, tampoco es algo con hombreras demasiado grandes o una cintura demasiado entallada, pues esas piezas que forman siluetas más estrechas recuerdan otras épocas más pulidas con vestidos rectos y ajustados.

Para mí, “workleisure” comienza con los básicos del guardarropa para el tiempo libre (camisetas, sudaderas, pantalones para correr) traducidos a los materiales y detalles de la ropa de oficina. Eso significa que las cinturas con elástico son aceptables, pero solo en telas (seda, lino, lana, mil rayas) que sugieren un tipo de esfuerzo distinto. Que, cuando los ves de reojo, te indican que te sientes más derecho. Significa camisetas embellecidas con bordados. Significa chamarras sin estructura, para que se sientan más como camisas, pero de todos modos sean chamarras, y camisetas con un poco de holgura.

En resumidas cuentas, significa el suéter para Zoom, pero con rayas horizontales, quizá alguna de estas rayas brillando con lentejuelas, y con promesas.