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Padre de familia es deportado el mismo día que es detenido por ICE

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Servando Bermúdez llevaba media hora de haber comenzado su jornada laboral como cocinero en un restaurante mexicano de la ciudad de Arcadia en el condado de Los Ángeles, cuando un compañero le avisó que lo buscaban unos detectives. Jamás pensó que se trataba de una trampa de los agentes del Servicio de Migración y Aduanas (ICE), quienes en cuanto Servando dio un paso fuera, lo detuvieron; y cinco horas más tarde, ya estaba en Tijuana, México, deportado.

“Cuando me avisaron que me estaba buscando. Yo salí fuera del negocio donde trabajo con la mejor de las intenciones de ver en qué podía ayudar. No había de que preocuparse porque no debía nada a la justicia”, recuerda.

Pero cuando al salir, los supuestos detectives le gritaron ‘Somos de Migración’, se llevó la sorpresa de su vida.

“Eran entre siete y ocho agentes, o más. Tenían rodeado el restaurante con sus camionetas encubiertas. Parecía que iban por un criminal de altos vuelos. ¿Qué traen?, les pregunté. Venimos por ti”, le respondieron y se lo llevaron esposado. Eran alrededor de la 1:30 de la tarde del miércoles 30 de septiembre.

De 40 años de edad, Servando es originario de Michoacán, México. Vino por primera vez de manera indocumentada a Estados Unidos en 1996. Regresó a su país de origen en 2002; y un año más tarde volvió para establecerse en el área de Los Ángeles.

Está casado. Tiene una hija de 15 años de una relación previa; y un hijo de cinco años con su esposa Leticia Villalón, una ciudadana estadounidense.

En entrevista vía telefónica con La Opinión desde Tijuana, donde una sobrina le ha dado techo de manera temporal, Servando afirma que su mundo se le vino abajo con su detención y deportación inesperada.

Siento que estoy viviendo una pesadilla. Yo soy el principal proveedor de mi familia”, confiesa preocupado.

Un día antes de su detención afuera del restaurante donde trabajaba, el 29 de septiembre, los agentes de migración acudieron a buscarlo a su antiguo domicilio en la ciudad de Pasadena donde vivió previo a mudarse a la ciudad de Altadena en el condado de Los Ángeles, donde residía con su familia.

“No sé cómo supieron dónde trabajaba”, dice.

Tenía 14 años de laborar en el restaurante mexicano de Arcadia donde lo aprehendieron.

Cuenta que los agentes de migración no lo dejaron hablar con un abogado ni le dieron la opción de que un juez decidiera su suerte.

“En una camioneta Van me subieron para llevarme a Tijuana. Solo íbamos dos agentes y yo”.

Servando dice que espera una respuesta del equipo legal de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA) en relación a si pueden tomar su caso.

Leticia Villalón, su esposa con quien lleva cinco años de casado desde 2015 y madre de su hijo de cinco años, dice que en las pocas horas que tuvo para movilizarse después de que Servando fue detenido, una abogada de migración que logró contactar, le dijo que ya no había tiempo de detener su deportación.

“En 2017 fuimos a ver a un abogado para tratar de arreglar la residencia de mi esposo en base a una petición por estar casado con una ciudadana, pero nos dijo que era un poco difícil porque cuando él intentó venir por segunda vez, lo detuvieron y tenía una orden de deportación”.

Después de ver a esa abogado, dice que se desilusionaron y decidieron ya no buscar una segunda opinión.

Leticia se encuentra completamente abatida por la deportación repentina de su esposo.

“No lo esperábamos. No es una mala persona. Cuando lo detuvieron, la dueña del restaurante intentó ayudarlo, pero los agentes de migración le dijeron que no se metiera”.

De hecho, cuando Servando le avisó que lo tenían bajo custodia de ICE, pensó que era una broma.  “Un agente de migración le quitó el teléfono; y me dijo que fuera a llevarle ropa y dinero porque se lo iban a llevar a México”.

Así fue como su vida cambió para siempre en unas cuantas horas. Para las 7:30 de la noche del miércoles 30 de septiembre, Servando ya estaba en Tijuana.

“Yo trabajo en un asilo, y mi sueldo solo alcanza para pagar algunas cuentas de la casa. MI esposo era quien pagaba la renta y cargaba con la mayor parte de los gastos. No sé qué vamos hacer ahora. Todos estamos devastados”.

Leticia llevó a sus hijos a Tijuana para ver a su padre. “Estamos tratando de darle ánimos en estos momentos tan difíciles. Ya de por sí con la pandemia vivíamos preocupados”.

Su esperanza está cifrada en que CHIRLA acepte representar legalmente a su esposo, y que pueda regresar al país para reunificarse con su familia.

Con el pretexto de proteger la salud pública durante la pandemia de coronavirus, la administración del presidente Trump puso en marcha políticas que permiten la deportación exprés, supuestamente para quienes son arrestados tratando de cruzar la frontera sur.

La Opinión reportó en julio un caso similar al de Servando de agentes de migración que se fingieron detectives de policía, cuando a Jesús Alberto Campos le llamó por teléfono un supuesto detective para decirle que necesitaba verlo para que identificara a uno de los posibles sospechosos del tiroteo del que había sido víctima un mes antes, nunca imaginó que se trataba de una treta de migración.

Al día siguiente, el 23 de julio, a las 8 de la mañana, no alcanzó a entrar al café Starbucks de las calles Long Beach y Firestone de la ciudad de South Gate, al sur del condado de Los Ángeles donde fue citado, cuando fue interceptado por unos 10 agentes del Servicio de Migración y Aduanas (ICE). Ese mismo día se lo llevaron al Centro de Detención de Adelanto.