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Razones de dos eminencias de la medicina para sostener que el COVID-19 fue creado

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Del otro lado se encuentran quienes creen que el virus fue diseñado por científicos y que pudo escapar de un laboratorio de Wuhan. El primer indicio sobre el que se detienen para refutar la teoría zoonótica es que, según se conoce por la experiencia con el SARS-1 en 2003 y el MERS en 2012, muchos humanos deberían ser contagiados por un animal anfitrión del virus mucho antes de que el virus mute hasta que pueda ser contagiado de humano a humano. Esto último se debe a que si el virus fue efectivamente creado por científicos, no existiría una circulación del virus previo a su salida del laboratorio. Además, luego del SARS-1 y el MERS se encontró que más del 80% de los animales de los mercados apuntados como los epicentros del esparcimiento del virus habían estado infectados con el virus.

Allá por marzo de 2020, profesor de inmunología y microbiología Kristian Andersen publicaba un artículo en el que insinuaba que pronto se encontraría un animal anfitrión del virus. Tal y como informó la investigación de la OMS, no se encontró ni un solo animal infectado por el SARS-CoV-2. El proceso natural mediante el cual esto sucede se llama recombinación, y se da cuando un virus intercambia una parte de sí mismo con otro virus similar mientras ambos infectan la misma célula. » Pero, afirman Muller y Quay, «la base de datos del Instituto Nacional de Salud muestra que no hay ni una FCS en más de 1200 viruses que podrían intercambiar con el SARS-CoV-2″.

Lo primero que señala el doctor es que durante el SARS-1 el coronavirus experimentó reiteradas mutaciones al interior del murciélago de herradura antes de pasar a la civeta -el mamífero que terminaría siendo el nexo con los humanos. » En el SARS-2 no se ha encontrado ni una sola mutación intermedia, a pesar de lo que ha sido un esfuerzo exhaustivo por encontrar ese chivo expiatorio», afirma Alexander. Por último, el coronavirus se caracteriza por su corona de espinas -que vendrían a ser las proteínas RNA-, y para que el virus se active tienen que dividirse estas espinas. » Esa disposición en el SARS-2 es única, no se ve en otros coronavirus, lo que sugiere que puede haber sido «creada por el hombre» o por retroingeniería».

» Además, el autor afirma que esta variante tiene poca afinidad con las células del murciélago de herradura, lo que lo hace creer que «Uno puede estar bastante seguro de que este virus nunca ha visto el interior de un murciélago. En definitiva, la discusión acerca del origen del SARS-CoV-2 está lejos de ser saldada. Si bien existió, y aún existe, cierto consenso científico alrededor de la idea de que el virus apareció de manera similar a como apareció el SARS-2 -osea, en un «mercado mojado» de China y luego de pasar por murciélagos y quizá algún otro animal-, la falta de resultados concretos que sostengan esta teoría, la aparición de ciertos indicios que generan dudas y la falta de transparencia del régimen chino tanto antes como después de la expansión del virus hacen que la respuesta a este interrogante esté cada vez más disputada.